Subida al Pico Veleta 2015. La carrera más dura el mundo

Podría llamarla de muchas maneras: carrera brutal, subida al infierno, la subida interminable, pero me quedo con “la carrera más dura del mundo”, como la califican los especialistas de ultrafondo, y es que no puede tener otro apelativo. Hay que correrla para comprobarlo. Y así fue como me inscribí hace ya unos meses, justo el mismo día que abrieron la inscripción. No quería perderme esta carrera por nada del mundo, y este tenía que ser el año, no sin obstáculos, ya que cuando me inscribí todavía estaba lesionado y llevaba ya 2 meses sin entrenar y no sabía hasta cuándo volvería a calzarme mis zapatillas. Llegaría justo, pero llegaría.

Y así llegó el sábado 8 de agosto.

Salida temprano a Granada con mi amigo Antonio Luis (pasodetiempos) para recoger el dorsal a las 13:00 hrs, almuerzo en calle Navas, café y a descansar antes de cenar, eso si, pasta para tener las reservas bien cargadas.

Por la mañana toca madrugón, despertador a las 5 de la mañana para desayunar en la habitación, al cual se une nuestro amigo Rubén Delgado. Después de cargar bien las pilas nos dirigimos a la zona de salida en el Paseo del Salón, justo al lado del hotel, buen ambiente, caras conocidas, un poco de calentamiento y salida.

Lo bueno que tiene esta carrera es que hasta el km 10 no tiene apenas subida y puedes ir a un ritmo más o menos rápido, pasando por las poblaciones de Cenes de la Vega y Pinos Genil. En este tramo alcancé a Juan @CorredorErrante  y su compañero Cristóbal, e hicimos algunos kilómetros juntos, junto a ellos iba otra persona, creo recordar que era de Granada e intentaba concluir su tercera subida.

Pasados estos primeros 10 km, a la salida de Pinos Genil, empieza la subida y aquí cada uno hace su carrera. Yo decido dejar atrás a mis compañeros de viaje y tirar hacia delante a buen ritmo sin forzar mucho la máquina.. Cogemos el tramo actual de la subida a Sierra Nevada, carretera que conozco bastante bien gracias a mi afición al esquí. Pasan los kilómetros y me encuentro bien. En uno de los avituallamientos me cogen Juan y Cristóbal y decidimos volver a hacer buena parte de la carrera juntos.

Es quizás este tramo de carrera en el que mejor me siento, con buenas sensaciones y buena compañía. Llegamos al cruce del centro de visitantes El Dornajo y giramos a la izquierda para coger la antigua carretera de Sierra Nevada, carretera que no conocía. Aquí cambia la carrera y se pone verdaderamente cuesta arriba. Las rampas son más pronunciadas. Sigo con mis acompañantes pero noto que voy acusando el esfuerzo y tengo molestias en el psoas izquierdo. Decido aminorar y me quedo solo. Esta parte a pesar de ser dura me sigue gustando, llevo aún buen ritmo. Algunos ya empiezan a andar, pero sigo firme en mi trote continuado.

A partir del avituallamiento del km 29 empieza otra carrera distinta para mi. Aquí ya empiezo a alternar trote y carrera, la carretera se vuelve quizás algo más llana pero más cansina de los kilómetros acumulados en las piernas. Tengo una grata sorpresa, y es que me saluda un ciclista, el cual resulta ser un paisano, con el que ya había coincidido en la pasada maratón de Sevilla. Iba con un grupo de ciclistas que acompañaban a un corredor también de mi tierra, llamado Eduardo, del club Axarlón. Nunca dejaré de agradecer el encuentro con esta persona, llamada Fran, y su grupo de ciclistas, que no pararon de animarme hasta la entrada en meta. En este tramo hacemos la carrera juntos Eduardo y yo, salvo los kilómetros finales que se me hicieron eternos e interminables.

Llegamos a la Hoya de la Mora. Impresionante el buen ambiente que hay, debido a que unos instantes antes ha tenido lugar la salida de la carrera corta de 11 km, y la gente anima sin parar. Me da un poco de subidón, necesario a estas alturas de la carrera. Como dice mi amigo Rubén la verdadera carrera empieza en la Hoya de la Mora. Pues si, es en este tramo final donde verdaderamente empieza la otra carrera. La carrera de querer y no poder, de intentar correr, andar, respirar. Donde pasa muy lentamente el tiempo, los kilómetros. Dónde decides casi abandonar. Donde miras al veleta y te dices que lejos y que cerca está. Es el kilómetro 35, quedan tan solo 15 kilómetros de dura subida hacia el infierno, 15 kilómetros para la gloria. La pendiente aquí es mayor. Empieza a llover, hace frío, ventisca. Veo subir y bajar a Fran y compañía en sus bicicletas, me dan ánimos, los justos y necesarios para seguir vivo. Sigo de cerca a Eduardo. Intento alcanzarlo. No puedo. En este tramo final es dónde evidentemente lo pasé peor. Aquí me doy cuenta que con tan solo 1 mes y medio de entrenamiento no se puede hacer esta carrera. Llega el último avituallamiento, km 44, ya no me entra ni el agua, giro a la izquierda y tengo que parar. Tengo muchas ganas de vomitar, pero me niego a hacerlo, sería mi perdición para los últimos kilómetros. A partir de aquí ya solo puedo andar. Los ciclistas que suben y bajan no paran de dar ánimos, veo otra vez a Fran y me dice que está hecho, que quedan tan solo 2 kilómetros. Los 2 kilómetros más largos de mi vida. Veo el Veleta pero nunca veo la meta. Es sorprendente, pero no se llega a ver el final hasta los últimos 50 metros. En estos 2 kilómetros finales, me encuentro con una voluntaria de los avituallamientos, que inexplicablemente no sé por qué caminaba hacia la meta, pero me acompañó hasta la misma, y le agradezco de veras su compañía hasta los metros finales. Me dice que en la próxima curva a la derecha está la meta. No me lo puedo creer. Se adelanta unos metros para esperarme en la llegada. Aplaude, me anima, y rompo a llorar. Lo he conseguido. No tengo palabras para describir las sensaciones y mi estado en ese momento. Cruzo la meta y ahí está Fran para felicitarme y hacerme unas fotos. Se acerca Eduardo, nos abrazamos, somos finisher de la carrera más dura del mundo.

La Subida al veleta, sin lugar a dudas, es una carrera que al final te pone en tu sitio. Una carrera en la cual no tienes margen de recuperación. En una maratón tienes un bajón y puedes recuperar. Aquí no. A medida que pasan los kilómetros la carrera se endurece, los kilómetros se acumulan y la altura hace mella.

Finalizada mi primera Subida al Veleta quiero felicitar a la organización, a los voluntarios y a todas las personas que hacen posible que esta carrera esté en el lugar que le corresponde. Entre las mejores carreras de ultrafondo del mundo.

Volver a agradecer al grupo de Fran y compañía por sus ánimos hasta el final, y como no, a la voluntaria que me ayudó en los últimos 2 kilómetros a la gloria.

Pico Veleta, nos volveremos a ver.

Anuncios